A día de hoy, en el Estado Español tenemos un problema en el norte, más concretamente en el País Vasco. Un sector de la sociedad vasca reclama la independencia, la cual es negada por la Constitución española. Si esto de por sí ya debería generar tensión entre una parte y otra de la sociedad española, se añade el aliciente de que existe una banda armada llamada ETA que pretende lograr sus objetivos de independencia a base de bombas y disparos. Del mismo modo, las fuerzas del Estado Español recurren en numerosas veces a la represión para acallar las voces críticas con España que piden la independencia y el reconocimiento de Euskal Herria y, entre ilegalizaciones de partidos, celebraciones de macro-juicios y disoluciones de organizaciones sociales vascas, han sido bastantes los que han denunciado haber sufrido torturas a manos de las Fuerzas de Seguridad del Estado Español. Como podrá haber percibido cualquier observador mínimamente objetivo, el ambiente está caldeado y encontrar una solución al conflicto es más que necesario, en eso estamos todos de acuerdo, la cuestión es cómo solucionarlo.
Unos proponen exclusivamente la vía policial: a los etarras se les mete en la cárcel y punto pelota. Ni independencia ni hostias.
Unos proponen exclusivamente la vía policial: a los etarras se les mete en la cárcel y punto pelota. Ni independencia ni hostias.
No estoy de acuerdo con este procedimiento. La gente que así piensa contempla el conflicto desde la perspectiva de ser “Los Buenos”. Nosotros somos los buenos, vivimos en un país de libertades y democrático, y lo que nos torpedea de vez en cuando y nos impide ser completamente libres es ETA y su entorno. Esta es la visión que ofrecen prácticamente todos los medios de comunicación de masas, por lo que no sería raro ver que la mayoría de las personas con las que a diario mantenemos contacto opinen de este modo. De esta forma, al recibir la sociedad única y exclusivamente este punto de vista y no otro, las personas toman parte directamente en el conflicto. Y no sólo toman parte, sino que, inconscientemente, se posicionan en el mismo bando que dictan los medios de comunicación, es decir, en el bando del Estado Español, con todo lo que ello conlleva: sensación de identidad, de un “nosotros, los buenos, los españoles” y “ellos, los malos, los etarras”. Este tipo de gente no contempla el conflicto como algo político, sino que para ellos los etarras no son más que unos vulgares delincuentes que merecen estar en la cárcel, del mismo modo que lo merece un pederasta o un político corrupto. Pero lo peor de esto es que para ellos ETA no es sólo la banda armada en sí, sino que también lo es todo aquél que se declare abiertamente abertzale y trabaje para lograr los mismos objetivos que ETA, aunque sea mediante otros medios distintos a la lucha armada. Así, cuando dicen que con ETA no se negocia, sino que se les mete en la cárcel, no sólo están hablando de meter en la cárcel a aquel que pone un coche bomba o dispara un tiro en la nuca, sino que también están a favor de enchironar a todo aquél que coincida con ETA en sus fines, como por ejemplo ANV y PCTV, Gestoras Pro-Amnistía, Batasuna, los encausados en el 18/98,… Al fin y al cabo, de lo que están en contra es del independentismo vasco de izquierdas, no contemplan la independencia del País Vasco, y la única solución que esta gente ve al conflicto es que la Izquierda Abertzale en su totalidad renuncie a sus objetivos de independencia y acepte ser españoles sin rechistar, y aquí no ha pasado nada. No sé en qué mundo virtual vive esta gente, pero esta posición, además de imposible, me parece soberbia. Imposible porque la Izquierda Abertzale no va a renegar de su objetivo así por las buenas, y soberbia porque establece “por narices” quién es el bueno (los españoles) y quién es el malo (los independentistas), quién tiene razón (los españoles) y quién no (los independentistas).
Para solucionar el problema que nos lleva aquejando desde hace ya cuarenta años es necesario aceptar que vivimos un conflicto político, que no hay ni buenos ni malos y que el conflicto no se reduce exclusivamente a la dualidad ETA-Estado:
EL CONFLICTO ES POLÍTICO
El conflicto es político porque las causas que llevan a ETA a matar son políticas. ETA no está formada por un grupo de psicópatas que matan para saciar su sed de sangre porque no tienen nada mejor que hacer, sino que matan para lograr la independencia de su pueblo, la cual, como decía más arriba, es negada por la propia Constitución Española. Además, cada vez que la Izquierda Abertzale trata de presentar un marca electoral para conseguir sus objetivos por la vía parlamentaria, estas marcas son acusadas de ser el brazo político de ETA, y como ETA es ilegal y antidemocrática, estas marcas electorales también lo son, por lo tanto se las ilegaliza. Y no sólo son ilegalizados los partidos políticos, sino que el hecho de pertenecer a una organización que denuncie abiertamente las torturas que los presos sufren en las cárceles y en las comisarías es motivo suficiente para considerar que eres parte de ETA, tal y como hemos visto en el juicio a Gestoras, y por lo tanto también vas a la cárcel. Ante este panorama podemos deducir dos cosas:
1) ETA es la causa. La propia existencia de ETA es la que hace posible que determinadas organizaciones políticas vascas sean ilegalizadas por su relación con la banda. Si ETA no matase, estas organizaciones no tendrían ningún problema en relacionarse con ella, ya que ETA no sería ilegal ni terrorista, y por lo tanto las organizaciones políticas vascas tampoco lo serían. A la vista de esto, una posible salida al conflicto sería que ETA abandonase las armas. Pero claro, esto es en cierto modo injusto, porque imaginemos que yo, que no apoyo a ETA y en mi vida he tocado un arma, pertenezco a una organización abertzale, la cual ha sido relacionada con ETA porque persigue sus mismos fines e incluso tengo algunos compañeros que se declaran a favor de ETA. La organización, mi organización, se ilegalizaría, y no podría ser legalizada hasta que ETA abandonase las armas. ¿No es injusto? Estaría dependiendo de la actividad de ETA para poder desarrollar mis proyectos políticos. Si por el hecho de relacionárseme desde las instituciones y los medios con una banda terrorista se me ilegaliza, es injusto que me digan que lo que de verdad me afecta y lo que de verdad bloquea mi derecho a hacer política es la existencia de la banda. No es verdad, lo que estaría bloqueando mi derecho a hacer política sería esa supuesta relación con la banda, la cual ha sido establecida por el Gobierno, los jueces o los periodistas de turno, es decir, que al fin y al cabo, serían estos últimos los que de verdad me estarían impidiendo hacer política, que no tienen argumentos para ilegalizarme según mi actividad, y tienen que ilegalizarme según la actividad de terceros. Lo que quiero decir es que es cierto que flaco favor hace ETA a la Izquierda Abertzale en cuanto a ilegalizaciones y demás, y que sin duda en caso de no existir ETA el Estado lo hubiese tenido más difícil para ilegalizar partidos y organizaciones vascas, porque no tendría ninguna banda terrorista con la que relacionarlas, pero la mala acción ahí la está cometiendo el Estado al relacionar cualquier organización abertzale con la banda armada, y no la organización abertzale en sí, al estar supuestamente relacionada con ETA.
2) ETA es la consecuencia. Hemos visto que cada vez que la Izquierda Abertzale pretende tener voz en las instituciones ciudadanas a través de partidos políticos, éstos son automáticamente ilegalizados. También hemos visto en el juicio a Gestoras cómo el hecho de denunciar las torturas que los presos sufren a manos de la policía le convierte a uno en sospechoso y en posible simpatizante o colaborador de ETA. Distintos medios de comunicación abertzales e independentistas como Egin, Egunkaria o Ardi Beltza han sido cerrados bajo el pretexto de fijar los objetivos para ETA, dejando así a la Izquierda Abertzale sin voz, mediáticamente hablando. En macro-juicios como el del sumario 18/98 hemos visto como se condenaba a ciudadanos vascos que en su vida habían tocado una pistola, que sólo por el hecho de perseguir los mismos fines que ETA o de desarrollar actividades que puedan contribuir a esos mismos fines, se le puede considerar a uno “terrorista”. Hubo asistentes al juicio, observadores internacionales y juristas profesionales, que dijeron que sabían que iban a asistir a un juicio sin pruebas, pero que lo que no sabían era que fuesen a acudir a un juicio “sin delito”. Por si todo esto fuera poco, tenemos ahí los numerosos casos de tortura denunciados (¡y no denunciados!) por distintos detenidos como Gorka Lupiáñez o Nekane Txapartegi, y las multitudinarias manifestaciones de la Izquierda Abertzale que son ilegalizadas. Es decir, cada vez que la Izquierda Abertzale ha querido desarrollar su actividad política con arreglo a la ley, no se le ha dejado y se le ha ilegalizado. Si no pueden desarrollar su actividad por cauces democráticos, y no sólo eso, sino que además son víctimas de toda una serie de agresiones policiales ya mencionadas, ¿qué nos queda? Pues sólo nos quedan los cauces antidemocráticos, es decir, la lucha armada. En este sentido, viendo todo lo que se hace desde el Estado español y francés contra la Izquierda Abertzale, no es extraño que un grupo de personas diga “hasta aquí”, y decida tomar las armas.
Así pues, otra de las formas para irnos acercando a la solución del problema vasco es abrir este debate: ¿ETA es la causa ó la consecuencia del conflicto?
Para solucionar el problema que nos lleva aquejando desde hace ya cuarenta años es necesario aceptar que vivimos un conflicto político, que no hay ni buenos ni malos y que el conflicto no se reduce exclusivamente a la dualidad ETA-Estado:
EL CONFLICTO ES POLÍTICO
El conflicto es político porque las causas que llevan a ETA a matar son políticas. ETA no está formada por un grupo de psicópatas que matan para saciar su sed de sangre porque no tienen nada mejor que hacer, sino que matan para lograr la independencia de su pueblo, la cual, como decía más arriba, es negada por la propia Constitución Española. Además, cada vez que la Izquierda Abertzale trata de presentar un marca electoral para conseguir sus objetivos por la vía parlamentaria, estas marcas son acusadas de ser el brazo político de ETA, y como ETA es ilegal y antidemocrática, estas marcas electorales también lo son, por lo tanto se las ilegaliza. Y no sólo son ilegalizados los partidos políticos, sino que el hecho de pertenecer a una organización que denuncie abiertamente las torturas que los presos sufren en las cárceles y en las comisarías es motivo suficiente para considerar que eres parte de ETA, tal y como hemos visto en el juicio a Gestoras, y por lo tanto también vas a la cárcel. Ante este panorama podemos deducir dos cosas:
1) ETA es la causa. La propia existencia de ETA es la que hace posible que determinadas organizaciones políticas vascas sean ilegalizadas por su relación con la banda. Si ETA no matase, estas organizaciones no tendrían ningún problema en relacionarse con ella, ya que ETA no sería ilegal ni terrorista, y por lo tanto las organizaciones políticas vascas tampoco lo serían. A la vista de esto, una posible salida al conflicto sería que ETA abandonase las armas. Pero claro, esto es en cierto modo injusto, porque imaginemos que yo, que no apoyo a ETA y en mi vida he tocado un arma, pertenezco a una organización abertzale, la cual ha sido relacionada con ETA porque persigue sus mismos fines e incluso tengo algunos compañeros que se declaran a favor de ETA. La organización, mi organización, se ilegalizaría, y no podría ser legalizada hasta que ETA abandonase las armas. ¿No es injusto? Estaría dependiendo de la actividad de ETA para poder desarrollar mis proyectos políticos. Si por el hecho de relacionárseme desde las instituciones y los medios con una banda terrorista se me ilegaliza, es injusto que me digan que lo que de verdad me afecta y lo que de verdad bloquea mi derecho a hacer política es la existencia de la banda. No es verdad, lo que estaría bloqueando mi derecho a hacer política sería esa supuesta relación con la banda, la cual ha sido establecida por el Gobierno, los jueces o los periodistas de turno, es decir, que al fin y al cabo, serían estos últimos los que de verdad me estarían impidiendo hacer política, que no tienen argumentos para ilegalizarme según mi actividad, y tienen que ilegalizarme según la actividad de terceros. Lo que quiero decir es que es cierto que flaco favor hace ETA a la Izquierda Abertzale en cuanto a ilegalizaciones y demás, y que sin duda en caso de no existir ETA el Estado lo hubiese tenido más difícil para ilegalizar partidos y organizaciones vascas, porque no tendría ninguna banda terrorista con la que relacionarlas, pero la mala acción ahí la está cometiendo el Estado al relacionar cualquier organización abertzale con la banda armada, y no la organización abertzale en sí, al estar supuestamente relacionada con ETA.
2) ETA es la consecuencia. Hemos visto que cada vez que la Izquierda Abertzale pretende tener voz en las instituciones ciudadanas a través de partidos políticos, éstos son automáticamente ilegalizados. También hemos visto en el juicio a Gestoras cómo el hecho de denunciar las torturas que los presos sufren a manos de la policía le convierte a uno en sospechoso y en posible simpatizante o colaborador de ETA. Distintos medios de comunicación abertzales e independentistas como Egin, Egunkaria o Ardi Beltza han sido cerrados bajo el pretexto de fijar los objetivos para ETA, dejando así a la Izquierda Abertzale sin voz, mediáticamente hablando. En macro-juicios como el del sumario 18/98 hemos visto como se condenaba a ciudadanos vascos que en su vida habían tocado una pistola, que sólo por el hecho de perseguir los mismos fines que ETA o de desarrollar actividades que puedan contribuir a esos mismos fines, se le puede considerar a uno “terrorista”. Hubo asistentes al juicio, observadores internacionales y juristas profesionales, que dijeron que sabían que iban a asistir a un juicio sin pruebas, pero que lo que no sabían era que fuesen a acudir a un juicio “sin delito”. Por si todo esto fuera poco, tenemos ahí los numerosos casos de tortura denunciados (¡y no denunciados!) por distintos detenidos como Gorka Lupiáñez o Nekane Txapartegi, y las multitudinarias manifestaciones de la Izquierda Abertzale que son ilegalizadas. Es decir, cada vez que la Izquierda Abertzale ha querido desarrollar su actividad política con arreglo a la ley, no se le ha dejado y se le ha ilegalizado. Si no pueden desarrollar su actividad por cauces democráticos, y no sólo eso, sino que además son víctimas de toda una serie de agresiones policiales ya mencionadas, ¿qué nos queda? Pues sólo nos quedan los cauces antidemocráticos, es decir, la lucha armada. En este sentido, viendo todo lo que se hace desde el Estado español y francés contra la Izquierda Abertzale, no es extraño que un grupo de personas diga “hasta aquí”, y decida tomar las armas.
Así pues, otra de las formas para irnos acercando a la solución del problema vasco es abrir este debate: ¿ETA es la causa ó la consecuencia del conflicto?
PD: Añado a la sección de IZQUIERDA ABERTZALE la propuesta para un marco democrático de Euskal Herri Berria.




El otro día acudí con un compañero a un CSOA de Madrid, para pedir carteles informativos acerca de la concentración por la libertad de Amadeu Casellas de esta misma tarde (5 de sept.) y material para pegarlos, como por ejemplo cola y brochas. Mi amigo y yo no íbamos con pintas de punkis. No llevábamos cresta, ni mallas a rayas, ni rastas, ni símbolos del mercedes colgados de chupas de cuero. Tampoco llevábamos chupas de cuero. Se podría decir, en definitiva, que íbamos como personas normales, en el sentido más general del término: nuestras zapatillas, nuestros pantalones normales y nuestras camisetas normales también. Vamos, que no se nos podría definir como punkis, raperos, heavis ni nada de todas esas mierdas llamadas “tribus urbanas”, sino como “chavales normales y corrientes”. Pues bien, nos acercamos al llamado “Centro Social” para pedir material y consejo para pegar los carteles esperando, por lo menos, un mínimo de simpatía. No pido una alfombra roja en la entrada, ni focos alumbrándonos, ni una música de “tatatachán” al entrar, sólo pido una cosa: que no se nos trate como si fuésemos infiltrados del Gobierno, o policías, o periodistas al servicio de Mercedes Milá. Es decir, que no se desconfíe de nosotros. Porque es triste, pero así fue.


