lunes, 6 de octubre de 2008

CONTRAINFORMACIÓN Y ESCALOFRÍOS

En la columna de la izquierda del blog se puede ver un letrero que reza “CONTRAINFORMACIÓN”, bajo el que hay una serie de links que llevan a páginas que ofrecen una información alternativa (o bajo un punto de vista más crítico) a la que se ofrece desde los grandes medios como Telecinco, EL PAÍS o la COPE. El hecho de llamarse así, “contrainformación”, puede llevar a pensar a más de uno que los contenidos que dichas páginas contrainformativas contienen no son en absoluto objetivos o fiables. Craso error. Y no es que dichas páginas no sean partidistas (en el sentido de ser partidario de una idea; no de un partido político), que por supuesto que lo son, pero eso no quiere decir que las informaciones de las que den cuenta sean falsas, ni mucho menos. Entonces, si tan verdaderas son esas informaciones, ¿por qué no llamar a esas páginas, sencillamente, “información” en lugar de “contrainformación”?

Digamos que el concepto o la palabra “información” nos la ha robado el poder. A día de hoy, grandes medios como Antena 3 no nos informan acerca de la situación de determinados presos en la cárcel, pero sí nos informan acerca de lo que se va a llevar esta temporada Otoño-Invierno, y a eso lo llaman “información”. O Cuatro nos informa sobre un asesinato en un pueblo de Almería, y a eso lo llama “información”, pero no nos informa acerca de las relaciones del presidente de Colombia con grupos paramilitares y narcotraficantes, porque, suponemos, no lo considerará “información”. Es decir, los grandes imperios de la comunicación, en manos de los dueños de las mayores fortunas económicas, ofrecen sólo una serie de contenidos, y a eso lo llaman “información”. Esa “información” nunca, jamás, va a comprometer de algún modo u otro a los poseedores de esas grandes fortunas, o por lo menos nunca va a comprometer al propio dueño del medio (quién sabe si a los de la competencia). Ahora bien, existen en la sociedad personas y grupos combativos con el sistema imperante, conciencias anticapitalistas que conocen las relaciones de los dueños de los grandes medios con el poder político y económico. Estas personas, estos grupos, rechazan los contenidos que los medios de comunicación de masas ofrecen, pues entienden que sirven a los intereses de sus propietarios y a consolidar ese mismo sistema que ellos pretenden cambiar. Por eso optan por ofrecer esos contenidos que los grandes medios silencian porque les perjudican, y los ofrecen a través de esos medios que han dado en llamarse “de contrainformación”. Ocurre que esta labor informativa que nace desde las bases de la sociedad lo hace a partir de la “información” que ofrecen los grandes medios, es decir, lo hace como una especie de respuesta, de contra-acción, de ahí que haya pasado a llamarse “contrainformación”, porque nace como respuesta, como alternativa a esa “información” que desde los medios se presenta. Pero desde luego que esa contrainformación es información en estado puro, no nos quepa la menor duda. Otra cosa es que esos grandes medios se hayan apoderado de la palabra “información”, pero creo que el designar a la información alternativa como “contrainformación” viene también por el hecho de hacer visible ese robo del concepto por parte de los poderosos. Del mismo modo han sido usurpadas las palabras “democracia” y “libertad”. Yo no estoy en contra de la democracia, y creo que nadie. La cuestión es que cada uno entiende la democracia a su modo, y por eso, a pesar de estar a favor de la democracia, cada vez que oigo al presidente Bush hablar de llevar la democracia a un país un escalofrío me recorre el cuerpo, al igual que cuando oigo a cualquier empresario capitalista hablar de “libertad económica”, escalofríos y más escalofríos. De ahí que, en oposición a la democracia entendida por la burguesía, haya que haber inventado los conceptos de “democracia directa” o “democracia popular”. Pues pasa algo parecido con los conceptos de “información” y “contrainformación”, que uno producía escalofríos en boca de algunos, por eso ha habido que inventar el otro.

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